Cookies aceptadas de todas formas

Con la llegada de las normativas estúpidas que obligan a todos los blog’s y páginas a poner un absurdo mensaje que aceptas sin mirar casi, lo único que han conseguido es precisamente que se pase de leer dicho mensaje, tan idéntico de aceptar como los “contratos de licencia” o términos del servicio.

Básicamente los mensajes que le llegan a cualquier usuario de un servicio es el siguiente:

“Si no lo acepta, no lo ve o lo puede usar.”

Ante eso… ¿qué se contesta? Con resignación:

No estoy de acuerdo, pero tengo que aceptarte igualmente.

Como mucha gente utiliza servicios que no le van la vida en ello, no es muy probable que cierta información de “no tan vital importancia” les preocupe.

“Acepto lo que quiera que ponga ese enrevesado documento, que no comprende ni el que lo redactó desde un cortar y pegar. No porque acepte que hagáis todo lo que queráis con los datos, y que yo asuma por ende todo lo malo que pueda pasar, aunque seáis vosotros los que lo hagáis y yo no sepa porque ocurren determinadas cosas. Solo quiero utilizar un servicio ‘relativamente gratuito’ para poder acceder a determinadas cosas que ‘todo el mundo usa’ —léase: redes sociales, correo electrónico, espacio virtual gratuito, servicios varios, que me envíen publicidad, que hagan un seguimiento de mi forma de buscar, leer, desplazarme, mover el cursor, o pulsar en determinadas cosas—. Permito que me mostréis servicios parecidos o que creáis que puedan interesarme según voy proporcionandoos información, casi de forma imperceptible, mientras voy contándole la vida a esos amigüitos que tengo virtuales.”

Si pusiéramos pegas a cada “contrato de servicio” que añaden con cada “cosa” que aceptamos, seguramente no tendríamos ni casa, ni cuenta bancaria, ni trabajo, ni dispositivos de comunicación, ni usaríamos ordenadores, ni casi nos comunicaríamos con otro ser humano. Viviríamos en una caverna, que a lo mejor —vista como está conformada esta sociedad— también tiene limitaciones si se trata de una protegida por Patrimonio de la Humanidad al encontrar una pintura rupestre con derechos de autor.

En realidad hasta morirnos nos cuesta. Hemos creado una sociedad que tiene todo lo inimaginable en limitaciones, pegas, y restricciones de cualquier tipo. En las que los que ofrecen cosas tienen todos los derechos del mundo, y el que las acepta solo puede resignarse. Y lo peor de ello es que lo aceptamos sin mirar. Igual que aceptamos la ventana de los Cookies cojoneros que nos impide leer una noticia que ni siquiera es importante, en la mayoría de los casos.

¡Bienvenidos al futuro!

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