Historias de un pintor web (9ª parte)

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Lo cierto es que a todo esto, yo seguía haciendo actualizaciones de aquella primera web que me encargaron aquella discográfica de música antigua. Hasta que no hace mucho me enteré de que mi página web ya había sido sustituida por otra. Recuerdo haber hecho diferentes estudios míos con la esperanza de que el cliente de esa web me dijera:

«Vamos a darle un nuevo aspecto al sitio mas acorde con los tiempo.»

Yo todo convencido, creí que se iba a fiar de mi por todo el tiempo que llevábamos juntos. En lugar de eso. Debió conocer a otra persona, un interesado o arrimado, y le dijo que él sabía de otros que harían justo lo que quería de las mejoras. Para mi gusto, ha perdido bastante el sitio, ahora es mas impersonal, si claro, tiene algunos efectos mas modernos, y algunas de las ideas que me había comentado anteriormente que quería poner.

Lo que mas me ha dolido quizás, es la poca decencia de no decirte que se van a hacer el sitio en otra parte. Porque yo puede que tenga mis limitaciones como diseñador, pero joder, soy una persona, deberían haberme dicho a las claras:

«Oye, que ya no tienes que molestarte, voy a hacer el sitio en otra parte.»

…y tan amigos. Esto pasa en las mejores familias. En lugar de eso, se callan como zorros, y uno lo descubre de mala manera un día que visitando tus «logros en línea», ve que ya no se parece nada a lo que diseño. Total, ¿que son 8 años de haber trabajado con alguien? parece ser que hoy en día no es nada.

En uno de mis últimos trabajos realizados (de los que pagan) tuve que hasta firmar un acuerdo de confidencialidad. Hice una maqueta para un panel de control, por supuesto el trabajo me vino de otro amigo, que sabía que ese tiempo no estaba haciendo nada para nadie. Querían una maqueta sencilla para que sus clientes pudieran manejar las opciones de un lugar que ellos tenían. Me dieron una muestra de lo que querían, pero después otra persona me dio un croquis de lo que querían igualmente, que era totalmente contradictorio con las normas de estilo de su sitio web y al mismo tiempo del modelo que me habían pasado. Total que como no sabían lo que querían, intenté coordinar todas esas incongruencias y hacer un panel sencillo, manejable y que se pareciera un poco a su web principal.

Un panel de control son solo unas pocas opciones en un menú, y cada vez que pulsas una de ellas te salen unos resultados. No hay mucho mas. Además para que sea eficiente, tiene que ser lo mas sencillo posible, con gráficos pequeños y que tarden poco en aparecer. La programación que va por detrás también tiene que ser eficiente y rápida, si tardan mucho los resultados en aparecer, entonces no valdrá de mucho el trabajo que ha hecho el diseñador optimizando. Para que os hagáis una idea, el sitio completo no ocupaba mas de 300 Kb de tamaño, eso en una página web hoy en día es una cantidad irrisoria. Casi ocupaba mas el fichero de texto con el «contrato de confidencialidad» en PDF que me enviaron para firmar.

Para hacer lo del panel no pusieron ninguna pega y no tuve que firmar nada, pero como después había que ponerlo en un servidor y aplicarle la programación, ahí es cuando «alguien» (intuyo que algún programador) se cargaría algo, y necesitaron de nuevo mis servicios para arreglar lo que «se había roto solo«. Y ahí entro en juego el documento de confidencialidad, que hasta la fecha no me habían dicho nada. Este documento solo sirve para que yo no difundiera ninguna tecnología que ellos estaban realizando (algo bastante improbable, porque yo no tengo ni idea de programación, pero se tienen que cuidar las espaldas). Este documento solo sirvió para que yo tuviera posibilidad de conectarme a un servidor FTP donde alojaban las páginas, poder bajarme éstas y ver que habían roto para poder arreglarlo o decirles lo que tenían que hacer. Porque pretendían que arreglase las cosas sin poder verlo en línea. Es decir pasarme las páginas y yo en mi navegador mental de mi cabeza reproducir el problema sin verlo realmente.

Muchas veces a los diseñadores web nos piden hacer este tipo de arreglos. Sin ver como quedan las cosas tenemos que imaginarnos como quedan. Y claro nunca salen como deben salir, no solo influye el diseño, sino el resultado visual de la programación incluida después.

Este trabajo fue rápido, yo siempre he trabajado rápido, pero siempre he tenido que esperar a que el cliente/jefe decida después, y a veces pasan varios meses hasta que esto pasa.

A todo esto yo todavía no había cobrado nada. El trabajo estaba terminado, incluso las correcciones, y tuve que esperar como unos 3 ó 4 meses hasta que decidieron –no sin después de muchas quejas por mi parte– pagarme lo que me debían. Para mas inri ya le estaban sacando provecho con creces.

Y es que por muchos presupuestos que haga, por muchas condiciones que imponga, si no ven los resultados, no pagan. Y aun con el trabajo concluido, tardaron en pagar.

Alguna vez hablamos de que me hicieran un contrato, pero al final tampoco cuajo la cosa. En lugar de eso creo que preferían un trabajador al que pudieran ver (en una oficina) que uno que trabaja bien y en casa, al que no podían controlar. El teletrabajo es siempre así. Aun hay mucha gente que no se fía. Creen que uno que está en casa no trabaja y está todo el día haciendo el vago. En el fondo son ellos los que se comportarían así si los puestos estuvieran intercambiados.

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