Iluminación eterna, el nuevo parque de atracciones temático y extremo

En las cunas de las religiones, en los lugares mas apartados de las continuas distracciones de la sociedad y del mundanal ruido, los eruditos y religiosos se reunían, muchas veces separados cada uno en su lugar, en un silencio contemplativo para su última búsqueda. Pero hoy en día, estos emplazamientos perdidos ya no son lo que eran.

Con la necesidad de centrarse en dicha búsqueda, algunas personas, intentando no distraer sus mentes y fuerzas con diferentes tentaciones, decidieron por voluntad propia retirarse a lugares mas recónditos y perdidos, inaccesibles, tranquilos, silenciosos y a la vez desérticos. La quietud extrema era necesaria para concentrar el alma, vaciarse completamente y poder esperar que esa iluminación entrase y les explicase “el todo”.

Sin embargo, esos lugares tan apartados, tan extremos, esos santuarios de la quietud, han sido mancillados y denigrados, y ahora sirven para un propósito totalmente contrario y retorcido.

Ahora esos lugares tan apacibles se han convertido en las nuevas atracciones para un público con ansias de emociones fuertes que necesita de experiencias extremas para intentar sentir esa nueva luz que le llene. La nueva generación de pseudo iluminados que nada aprenden. Consumen sus vidas igual que desgastan el resto de estancias por donde pasan, sin encontrar lo que ignoran que creen buscar.

En esos lugares apartados ahora puedes encontrar experiencias extremas, tours para intentar vivir la vida a tope, donde te arriesgas estúpidamente con paseos por las montañas mas altas del planeta, en las que podrás perder extremidades con facilidad. En descensos por las profundidades de la tierra, en las que no solo poder quedar atrapado para el resto de tus días sino que también arriesgarás la vida de los que intenten rescatarte. Vistas espléndidas en las cornisas del mundo, colgados por un extraño puente hecho con mohosas cuerdas y en las que quedarás como racimos de uvas a punto de estrellarse, espachurrados en la cuba del fondo de un acantilado lleno de picos puntiagudos y estremecedores donde podrás decir aquello de:

«Ooooh que bonitooo, pero pavernosmatau.»

Podrás disfrutar un ayuno completo, y si no resistes, también podrás comprar suculentos manjares, típicamente de tu pueblo. O bien llenarte con una copiosa comida que te dejará lo suficientemente saciado como para no tener que preocuparte de las estupideces esas del alma.

En stands (chiringuito) desperdigados por callejuelas sinuosas, cerca de las aldeas y pueblos, podrás comprar un Buda de peluche o un símbolo ancestral, totalmente de plástico, que aun no entendiendo realmente su significado, el tendero te explicará solemne, orgulloso  y vagamente de que va, para después decidir ponerlo encima de tu televisión o colgado de una escarpia en una de las paredes de tu casa, preferiblemente cerca de alguna cosa que vean tus mas allegados, para que sirva de estandarte de «yo pasé por ahí», cuan diploma abandonado y polvoriento.

Unos pocos días antes de volver a la sociedad de la que huías, entrarás en una de las mas concurridas atracciones llena de histéricos saltarines. En ese oscuro lugar, con luces parpadeantes, formas y colores con extraña mezcolanza y tonos indescifrables, a veces un poco epilépticos harás que danzas con otros seres como tu, en un extraño trance de estupidez colectiva. Podrás llenarte hasta el culo de extraños licores exóticos y otros mas típicos de tu tierra, no sin antes gritar como poseso para hacerte entender intentando aparearte con otros de tu especie.

Después retornarás de tu retiro espiritual, habiendo hecho lo mismo que hacías antes de irte, añadiendo un par de atracciones nuevas y relatando tus nuevas historias a familiares y allegados, entre las que contarás con verdadera pasión como casi te matas, pierdes un pie por congelación, haces despeñarse a varias personas mas para rescatarte de un resquicio colgante mohoso, casi te da un cólico por probar y mezclar todo lo típico del país, e incluso te dieron varias diarreas e indigestiones. No sin antes decir que donde mejor lo pasaste fue en la reunión de urgencias de idiotas anónimos, todo porque hablaban en tu mismo idioma y allí recuperaste la salud que no la cordura de tu experiencia lumínica.

Aquellos relatos que aconsejaban:

«Pues coges un San Bernardo y te escapas a una montaña desierta.»

Ya no son factibles, uno ya no puede ni plantearse dicha hazaña sin encontrarse con millares de almas desperdiciadas y “pasándoselo bomba” sufriendo con infinitas torturas consentidas. Aun así, los que verdaderamente buscan no necesitan irse a esos lugares extremos, sino que les dejen en paz.

1 comentario

  1. Te doy la razón. A mí, que me veo, por motivos de trabajo. obligada a viajar sin tino y por supuesto sin más tiempo que el estrictamente necesario para asistir a las reuniones de turno, procuro aprovechar cualquier algún minutillo libre, si lo tengo, para perderme por ahí y me encuentro con tiendas para turistas en los lugares más inverosímiles, señal de que por ahí pasa gente dispuesta a comprar. Lo que más me ha llamado la atención, de momento, fue un restaurante italiano en las estribaciones de la selva amazónica boliviana; un restaurante con tienda de regalos… A cualquier rincón del mundo al que viajes tendrás tiendecitas y si no las hay, te las llevarán, como a una amiga mía, que mientras subía el Nilo vio aparecer una barquita, más pequeña que los cocodrilos de la zona, con dos niños vendiendo collares de semillas de sándalo… La verdad es que me parece terrible que muchos pueblos se hayan visto obligados a dejar entrar manadas de elefantes en sus santuarios más sagrados….

    Y ya, ni te cuento cuando, en ocasiones tan horribles como la que está viviendo ahora Nepal, te encuentras a gente protestando porque no hay agua, luz ni transporte operativo, como si en vez de viajar a uno de los rincones más remotos del planeta, donde como bien tú dices se retiran a meditar los locales, estuvieran en el centro de Manhattan… Decididamente nos hemos vuelto locos.

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