Lo que no te dicen sobre los gestores de contenidos

Cuando pienso en una aplicación así, veo que aun no existe. En mi cabeza me la imagino de esta forma:

Un espacio en blanco, rodeado de estanterías para llenar. En el que tengo un atril para crear cosas, como si fuera un antiguo maquetador de un periódico. Al lado un gorro de Merlín, en el que voy sacando cosas útiles que se me van ocurriendo. Los saco del gorro y pongo los elementos, encima de mi página a crear. Muevo cosas y mágicamente se ven ya en el paso final. Si me atranco en algo, tendría a mi disposición a un sabio que me diga como se hacen las cosas. Si me quedan dudas que me lo explique como si fuera un niño pequeño, hasta saber todas los pasos que tengo que hacer, por supuesto en mi mismo idioma. Y sobretodo que nunca se cansese de mi por ser tan zopenco y requerir tanta ayuda.

Pero nada mas lejos de la realidad… esas «aplicaciones mágicas» que tu mueves cosas, cuan película de acción tipo: Minority Report (la película en sí es un rollo, para quien se atreva a verla), o a lo Microsoft Surface o escritorio virtual en 3D, manejando imágenes de un lado a otro, no son fáciles de que existan en aplicaciones para usuarios sin requerir un paston que uno no tiene. Nada es tan sencillo como parece en el mundo de los gestores de contenidos. Y aunque todo el mundo te dice que: «son versátiles y pueden hacer que tu idea este en línea fácilmente«, no te cuentan toda la verdad.

La verdad es que cuando te instalas el primer gestor, el mas sencillo que te recomiendan en el momento, tienes una aplicación con un panel de control con muchas opciones con nombres raros. Aun estando en tu idioma, hay cosas que no sabes muy bien que son y como manejarlas. Sólo atinas a pulsar botones cuan autómata, que te dicen mínimamente, paso a paso, algunos procesos, sin pensar que consecuencias tendrán.

Tu primer gestor de contenidos suele traer una plantilla por defecto, con cosas bonitas y sencillas. Una página escrita que te dice que todo es maravilloso y tu creatividad no tiene límites. Dando a entender que todo saldrá a borbotones cuan géiser a punto de echar agua a toda presión.

Al principio utilizas las cosas como te vienen, con todo «por defecto» y sin preguntar mucho. Al fin y al cabo un gestor de contenidos debería servirte para mostrar al mundo cosas que haces tu, o junto al circulo por donde te muevas. Para enseñar y crear contenidos. Hacer que se vean para otros fácilmente.

Pronto te das cuenta que lo que viene «por defecto» no es lo adecuado para ti. Ahí empiezas a ser mas exigente. A querer mas opciones personalizadas, vistosas o fáciles para presentar datos que llevas en tu cabeza. Al fin y al cabo que sean más útiles para según que ideas. Todo debe estar acorde a lo que necesitas. Entonces llega el momento de personalizarlo.

Este es un paso crucial, en el que te das cuenta que no todo era tan sencillo. Las posibilidades empiezan a mostrarse mucho mas técnicas. Todo tu mundo de posibilidades y versatilidad se traduce en tener buscar, encontrar y entender esos conocimientos. Muchas veces en idiomas que no dominas. Coger un cacho de por acá, empotrar otro de allá. Tienes un batiburrillo, que si no planeas con tiempo se te puede descontrolar. Puedes acabar desanimado y abandonando a medias tu idea.

Lo primero que uno suele cambiar es el tema, es decir: el aspecto del gestor de contenidos de cara a los visitantes. Entonces te embarcas en la búsqueda y captura entre millares de modelos. Puede ser que alguno te guste por un determinado color. Otros por como presentan los contenidos. Nuestros gustos difieren de los unos a los otros. Algunos buscamos la sencillez, otro buscan cosas mas complicadas o enrevesadas. Hay miles de plantillas para coger gratis y modificar. Después puedes encontrar otras que venden con opciones adicionales, éstas te permitirán no tener que añadir componentes que mas adelante puede que necesites, con los que conseguirás mayor sencillez a consta de pasar por el aro correspondiente (es decir gastar dinero).

Al modificar una plantilla (sea gratuita o de pago) uno de los problemas iniciales es que cada diseñador hace la suya de forma interna diferente, según su proceso de aprendizaje. No hay un control estándar en la creación de éstas. Siguen ciertas directrices, pero internamente puede ser un verdadero galimatías.

En el proceso de adaptación te tienes que enfrentar al problema de entender cómo se ha hecho esa plantilla, sin conocimiento alguno. Si tienes la suerte de haber aprendido algo de código o cómo se hacían las páginas antiguamente, de forma artesanal, puede que eso te ayude algo en el futuro. Pero si no sabes programar nada de este tipo (ni lo mas básico), ¡Ay de ti como toques algo que se rompa la página completa y que no se visualice la web!.

Aquí juega un papel importante la documentación de la plantilla. En la mayoría de los casos (sobre todo las gratuita) es inexistente e incompleta. Por lo general está en otro idioma. Casi todo en inglés. Ya si te metes en otros países, ni te cuento…

Algunos artistas de las plantillas, en su afán por optimizar todo (que ocupe lo menos posible), hacen verdadero líos. Ni siquiera los que nos atrevemos a modificarlas, solemos tener mucha idea de como van por dentro. A menudo tienes que hacerte tu propio manual de instrucciones personalizado para documentar las cosas que deberías saber para cambiar los elementos mas habitualmente.

Muchas plantillas están basadas en plantillas de pago. Suelen tener una básica gratuita, con la que engatusarte. Después están lo suficientemente recortadas y sin documentación adicional para que tengas que plantearte pagar por la completa. De ese modo recibir ese «soporte» que necesitas para modificarla. Algunos desarrolladores incluso ponen trabas después a las gratuitas, para que no puedas modificar fácilmente. Entiendo que si las hicieran con facilidades no se comprarían la de pago con funcionalidades ampliadas, pero algunos se pasan en esto mismo o con el precio y limitaciones. Con lo que al final uno decide recortar ese aspecto en pos de otro que sea mas fácil de modificar, aunque no quede tan mono.

Hay algunos desarrolladores de plantillas, que para ahorrarse elementos –y son los que mas saben aprovechar el código y las optimizaciones– hacen que determinados elementos carguen del motor oficial del gestor de contenidos. Ponen  enlaces de una lado a otro en forma de líneas de código ininteligibles para un profano principiante. Limitando la posibilidad de cambiarlas fácilmente.

En definitiva, encontrar la plantilla adecuada que te permita cambiarla fácilmente, no es sencillo.

A la hora de cambiar el aspecto de una plantilla, juega un papel importante algo que eufemísticamente llaman: «hojas de estilo en cascada» (CSS). Los programadores y diseñadores, unos hartos de encontrarse etiquetas de diseño en las páginas de programación, y los otros hartos de tener que cambiar el aspecto de una página web que «se ve demasiado enrevesada», idearon este sistema de «modificación» sencilla de aspecto.

¿Qué se ve demasiado azul? ¿Qué ese texto no esta lo suficientemente pequeño y gris? No hay problema, se edita uno de esos archivos de CSS, se elige el color que mas le guste, y se muestra a quien corresponda. Entonces quedan encantado y el diseñador solo has movido los dedos dos minutos por el que cobra por varias horas de trabajo.

Las hojas de estilo en su base están bien. El problema es cuando estas «heredan» propiedades de elementos diferentes. Una hoja de estilos bien programada puede ahorrarte mucho trabajo. Pero cuando están hechas por varias personas, que cada uno tiene unos cánones de aprendizajes diferentes, que piensa que la sencillez son cosas diamétricamente opuestas, y que cada uno tiene su forma de organización, se hacen verdaderos cacaos con esta «mejora de diseño».

A menudo me he tenido que armar con mucha paciencia para descifrar, por qué el elemento «frisfrusfis» no cambiaba de letra por que resultaba que «fonfinfan» estaba delimitando una propiedad heredada de «furunfunfin». Tras cambiar varios elementos que no tenían nada que ver unos con otros, para que según que lugar hacían que se vieran como tu quisieras, sin interferir en otros elementos que también están ahí, uno puede sentirse orgulloso de haber perdido varios días de trabajo para cambiar una simple palabra o párrafo porque alguien, como de costumbre, no hizo un manual de instrucciones o una nota al pie del diseño.

Puedes acabar con un buen dolor de cabeza peleándote con:

  • El navegador para ver el aspecto final.
  • Un programa o complemento que te permita descifrar dónde y que línea tienes que modificar algo visual.
  • Pensar como la quieres ver.
  • Tener dos o tres programas adicionales que te sirvan de referencia para las Hojas de estilo (no son cuatro comandos precisamente).
  • Buscar documentación adicional para cada propiedad (nadie se las sabe de memoria, por mucho que digan).
  • Aplicarla sobre el diseño sin saber de verdad como va a quedar.
  • Visualizar, no solo en un navegador u ordenador, como quedará lo que hayas hecho.
  • Volver a repetir el proceso si no queda bien.

Y en eso, no pierdes dos minutos, puedes perder horas, que en realidad para un principiante pueden ser días o semanas vida. Eso si no lo mandas todo a la porra y te pones a publicar en un corcho tus trabajos en papel de toda la vida.

Para acabar con este tema de las Hojas de estilo. Esas propiedades tienen que ser aplicadas de alguna forma sobre la plantilla programada. En lo que llamamos «classes» o «etiquetas dentro de las etiquetas» sobre la plantilla de programación del tema que estés adaptando. Si uno sabe mínimamente como va una página web artesanal, puede saber «algo» de lo que tiene que modificar. Pero cuando la programación es tan criptica que tienes que variar varias páginas en las que no comprendes lo que ves ni que disposición tiene (ni tienes un esquema de donde va cada cosa), esto puede eternizarse.

A menudo muchas «mejoras» se dejan en el tintero de:

«No importa tanto, lo dejaré pasar…»

Que en verdad quiere decir:

«No encuentro la puñetera etiqueta empotrada que debo modificar para a tal cosa se vea como quiero, en esa maldita plantilla que he elegido con un código ininteligible.»

Cuando os digan la frase magna de que: «Las hojas de estilo permiten sacar el diseño de la programación.«, no os la creáis realmente. Las página de código quedan con tropecientas etiquetas de programación y tropecientas etiquetas de diseño que referencian a tropecientas etiquetas en otro archivo con tropecientas propiedades que se modifican y heredan de un elemento a otro.

Si un tercer diseñador principiante, que no sabe como va el asunto, coge una de éstas, puede cargarse fácilmente un elemento que no sabe lo que es. La puede liar parda. ¡Y ya puedes tener copia de seguridad de todo, junto a un recordatorio del proceso que has seguido, para volver sobre tus pasos rápidamente!

Una vez que te has peleado con el tema y forma de tu web. Es decir, que has cambiado –como puedes– los colores y las cosas que aparecen en el lugar que quieres que aparezcan. Vamos, que has personalizado un poco mas el aspecto de la plantilla, toca empezar a añadir contenidos. Este es otro de esos momentos cruciales.

Tienes que saber que una página sin muchas pretensiones no te será mucho problema crearla. Podrás aprender según quieras y sobre la marcha cosas mas sencillas. Te parecerá hasta divertido. Pero en el momento en que decides crear el proyecto de tu vida, ese que además es altruista y no sabes si lo terminarás alguna vez, tienes que tener muy bien pensado como van a ser las bases de antemano. A nadie le agrada encontrarte frustrado a la primera de cambio. Un pequeño blog personal no es lo mismo que una gran biblioteca con multitud de volúmenes totalmente diferentes en cada colección. Según como organices toda la información, no solo estará mas accesible para tus visitantes, sino que tu mismo encontrarás más fácilmente algo que tengas que variar o modificar meses e incluso años después. Eso si es que consigues que tu proyecto pase del primer año sin desmoralizarte.

Cuando ya tienes el aspecto web general y los contenidos medio hechos, empieza otro proceso mucho mas complejo. Muchos de los que nos enfrentamos a dichas aplicaciones de añadir contenidos, en su mayoría no tenemos ni idea de programar, o las que tenemos son meras nociones muy básicas de conceptos. Para estas personas se han inventando una cosa sencilla: los llamados Plug-Ins. Esto no es ni mas ni menos que «un apaño», que añadido a tu web, dota de una funcionalidad concreta sin saber programar. Suelen permitir mínimas opciones que tienes para configurar, y quizás una mínima personalización a tu diseño utilizado.

Casi todos los apaños también están en otro idioma, por lo que tienes que enfrentarte a la búsqueda y captura del apaño que necesites para añadir una funcionalidad nueva que se te haya ocurrido. Tu gestor de contenidos suele tener algunas integradas. Suelen ser las mas normales para poder manejarse meramente por los contenidos. Pero las funcionalidades mas personalizadas requieren esta serie de apaños para añadir con facilidad esas nuevas ideas que te rondan la cabeza:

  • Poder imprimir en PDF u en otro formato una página.
  • Compartir en diferentes redes y web un enlace que estas leyendo.
  • Añadir automáticamente, desde otros lugares, un comentario cuando te hacen una mención y que se publique automáticamente en la sección conveniente de lo citado.
  • Cruzar datos de un lugar a otro fácilmente entre aplicaciones diferentes.
  • Hacer las típicas opciones de: Últimas noticias publicadas, Artículos nuevos, listar los últimos comentarios, etc.
  • Añadir pequeñas aplicaciones que puedan permitir mas control al visitante y usuario de tu web.
  • Poder dar acceso o repartir tareas a determinados conjuntos de personas según decidas.
  • Visualizar diferentes contenidos según el conjunto al que pertenezcas: visitantes anónimos, registrados, editores, diseñadores, administradores, etc…
  • Dar un ranking de evaluación de artículos o comentarios que se están viendo.
  • Modificar diferentes opciones para una fácil lectura de los visitantes con problemas visuales.
  • Enviar el enlace de la página o artículo a un amigo por email u otro programa de mensajería.
  • Y suma y sigue.

Hay muchísimas, algunas muy sencillas y tontas, y otras mucho mas complicadas de aplicar. Algunas pueden serte realmente útiles. Otras puedes tardar tiempo en agregarlas y comprenderlas. Algunas no se comportan bien con otras al mismo tiempo. Hay muchas que se actualizan a menudo para ofrecerte nuevas funcionalidades, que tendrás que volver a estudiar. Pero por contra, pueden dejar de actualizarse, o de serte útiles, no funcionar adecuadamente con las versiones posteriores de tu gestor de contenidos o incluso de tu tema visual.

Utilizar Plug-Ins es otro paso crucial. Es otra pelea constante entre lo que estas creando, lo que tienes que modificar, lo que tienes que actualizar, y lo que tienes que moderar (si tienes visitantes que interactúan contigo).

A medida que vas consiguiendo visitantes tienes el stress de que todo esté visible siempre. No poder hacer apaños que dejen sin visibilidad a determinados usuarios cuando estas incrustando una nueva funcionalidad. Muchas veces no sabes como va o si funcionan hasta que un usuario o visitante las prueba y te comenta. Muchas veces tienes que arreglar problemas sobre la marcha, a veces incluso sacrificar dicha funcionalidad para que se siga viendo todo bien.

Es preciso tener copias de seguridad constantes. Entre lo oficial en línea (lo que la gente ve), lo que ya funciona y estas probando, las nuevas versiones, y las que tienes que modificar. Y todo esto, por supuesto, mientras sigues peleándote con la documentación, que cada desarrollador y diseñador decide entregarte para tu gestor de contenidos favorito, para el tema aplicado, para los Plug-ins añadidos, amen de las actualizaciones posteriores, junto con tus contenidos publicados o en proceso. Al final tienes que encomendarte a varios dioses y rezar tus plegarias en varios idiomas, para que todo eso funcione en conjunto.

Cada persona involucrada indirectamente en tu idea trabaja, trabaja de formas diferentes, que no tienen nada que ver con la tuya. Puedes encontrarte a algunos simpáticos, que pueden darte consejos o ayudarte. Otros pueden ignorarte, o no puedes pedirle ayuda porque no hablas en tu mismo idioma.

Puedes decidir emplear un traductor automático, con el que ayudarte en esto, pero estas limitado a explicaciones tipo indio (yo hacer, yo poner, yo decir…). También puedes darle la coña siempre a tu amigüit@ o familiar del alma, ese que sabe de algún idioma que necesites, aunque no sea técnico, para traducirte y hacer de mediador entre tus locas ideas y las contestaciones que te dan. Pero por respeto a su tiempo y sus tareas, no sueles hacerlo.

Y esa es la verdad sobre los gestores de contenidos. Nadie te dirá con toda sinceridad esto que deberías saber desde el principio. Sirva este texto para conocer a lo que te enfrentas en el caso de que decidas enfrentarte a tal tortura. Mostrar tu gran idea por Internet no es sencillo. ¡Mucha suerte! 🙄

1 comentario

  1. ¡Socoooooooorro! Me estreso sólo de pensarlo…

    En fin, nunca entenderé esa manía de intentar vendernos una moto cuando nosotros, lo que queremos y necesitamos realmente es una bici… En mi caso, que soy la más torpe del mundo mundial y parte del extranjero, el simple hecho de cambiar la interfaz de mi blog del negro y letras blancas al blanco y letras negras no sólo me costó lo mío… ¡es que ni siquiera sé cómo demonios lo hice! Así que cuando veo opciones que, en teoría, son la repanocha y me permiten adaptar una «plantilla modelo» a mis «necesidades», segura de que va a terminar en desastre, simplemente miro para otro lado. Snif.

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