Nuestro problema de compartir

El verdadero compartir es enseñar como eres por dentro al mundo exterior. Es mostrarles que con unos mínimos cambios en nuestra actitud las cosas pueden mejorar de forma exponencial.

Intentamos compartir en exceso cuando el paisaje que nos rodea (nuestra circunstancia) no se adapta al mundo ideal que nos rodea. Creemos erroneamente que compartiendo se va arreglar todo. Que gracias a nuestra «ayuda» mejoraremos el mundo. Pero en verdad lo estamos haciendo por intereses propios. Y ahí radica el fallo.

Dejar miguitas, dejar cosas, sin importar que consigues con ello. Otros comeran de esas migas, pero no sabran de quien vienen. Simplemente, dejaste ahí el legado, para que otros en su mismo punto, comprendan cosas. Así se les abra una puerta a un nuevo nivel.

Ese es el verdadero pensamiento colectivo. La verdadera unidad. El verdadero legado. Una nueva forma de aprendizaje.

Cuando vas encontrando esas miguitas, que muchos seres anteriores han dejado, sin esperar pago alguno por sus servicios prestados a la humanidad, se te abre la consciencia del verdadero compartir.

Solo entonces, comprenderás que:

Ni dar de comer a un pobre es lo fácil,
Ni enseñarle a pescar es lo adecuado,
Sino dejar que sea el mismo el que quiera conocer.

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