Pizquitas generacionales

He comprendido muchas cosas estos días de con las anécdotas familiares que se cuentan en estas fiestas, de generaciones atrás de cuando cristo dio las tres voces casi.

Lo llamo pizquitas porque son como esas cosas que uno encuentra en la nevera, dentro de una tartera, que ya importan tan poco, pero que algunos familiares vamos devorando para hacer sitio en la nevera, cuando no te lo tiran a la basura.

Son esos dramas familiares de cosas que se guardan para que no se sepan. Como un familiar lejano que hizo no se que cosa (que ya no se recuerda el qué, porque ya se han encargado las generaciones anteriores de taparlo tanto como para que nadie lo recuerde) pero un pueblo entero quería matarle y tuvo que huir y no volver nunca mas. En una de estas reuniones se contó la anécdota, y la pregunta inicial fue: «¿pero eso fue en la guerra?«, por lo de los bandos y demás. ¡Que va!, parece ser que hizo algo «gordo» y que el pueblo quería acabar con él, vete a saber que cosa hizo, y tampoco importa ya nada. Pero eso se ha tapado durante generaciones para que no se sepa, ocultado en «y se fue del pueblo» simplemente.

Otra de las bonitas anécdotas, no hace mucho descubierta en un incunable familiar, es una carta del padre de mi madre, que escribía a su mujer, y entres párrafos aparecía la expresión de: «y no tengas celos de tu hija«, la carta no la voy a escribir aquí porque creo que ya no la tenemos ni siquiera, pero resulta que la hija (mi madre) tenía por aquel entonces 4 años… ¿cómo se puede tener celos de tu propia hija? se pregunta uno.

Todas estas mezquindades, pizquitas como las llamo, son guardadas para que no se sepan. ya de por si son gilipolleces cuando ocurren. Pero hoy he logrado discernir el motivo principal porque se guardan «para que no se sepan«, simple y llanamente, porque temen ser criticados igualmente que ellos harían con otras personas de la misma forma. El famoso «que dirán«, que tantas veces hemos oído por ahí. ¿Quién no ha oído cuchicheos de vecinas que se cuentan las cosas, de habladurías varias, que van creciendo mediante deformación de lo que llamamos realidad, y al mismo tiempo van aumentando con las opiniones típicas de: «pues fíjate lo que me ha dicho menganito, que si patatin patatan pataton, y fulanita, que pitifun pitifan pitifen… ¡ay hija! a mi me pasa algo así y me da un simposio.«, y después las críticas varias con mas mala leche. Eso que ellos mismos hacen, después lógicamente son los que mas tienen que guardar, para el «que no se sepa«. Porque igual que critico yo a éste, pues no quiero que me critiquen de la misma forma cuando me de media vuelta y estén cuchicheando a mis espaldas.

Lo peor de todo es que la mayoría de las pizquitas son solo por dos temas. O porque menganit@ arrima el culo con fulanit@. O porque fulanit@ tiene o hereda, o consigue determinado dinero, posición o posesión. No hay mas. Después solo son variaciones de lo mismo mezcladas con gilipolleces varias.

Después la gente se extraña que la mayoría estén medio zombies, con perdidas de memoria, agilipollaos mentalmente, medio podridos y retorcidos de su cuerpo y espíritu. «Es la vejez» —dicen– la vejez de la mente que siempre tuvieron atrofiada.

1 comentario

  1. Lo peor de todo es que el esfuerzo por ocultar todas esas pizquitas hace que la gente se interese mucho más por ellas, se meta a cotillear y, al final, parezca que el que se echó un novi@ que no era del agrado de la familia o el que tenía más cuartos que otro debajo del colchón, son verdaderos monstruos, dignos de ser arrojados a la hoguera…

ATENCIÓN: Puedes opinar sin meter Correo electrónico o Web.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*

code

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.