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Unos meses mas adelante, conseguí que me hicieran un contrato teletrabajando yo en casa unas cuantas horas al día. Que era lo que yo en realidad he querido siempre, que se reconociera el trabajo que estaba haciendo y cobrar un poco. No el otro embrollo que pensaban encasquetarme.

El chanchullo no podía ser mejor para ellos. Me subcontrataba una empresa que debía de ser amigos de la otra. Me cedía a la principal. Y seguramente alguna de las dos empresas debía cobrar de mas con respecto a lo que me pagaban a mi (seguramente una subvención europea… o vete tu a saber que otro chanchullo tendrían). El caso es que ahora recibía un sueldo por cosas que ya estaba haciendo años atrás.

Teletrabajar para una empresa en la que no sabe nadie que estás tiene sus desventajas. Cuando te ven en la empresa te encargan cosas. Pero claro como uno teletrabaja, ningún otro sabe si estas trabajando o no. O mas bien no ponen al corriente a nadie de que tienen un nuevo trabajador o colaborador externo. Continuar leyendo…

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La verdad es que en la «corta vida» como pintor web me han ido ocurriendo muchas cosas. A veces pasan desapercibidas y son pequeñas anécdotas. Intentaré contar pequeños retazos, no ser muy descriptivo, y no poner nombre propio completo, ni empresas. :mrgreen:

Hace unos días, una amiga me dijo:

«Tengo página web… ¿quieres verla?»

Me dio el enlace y la curiosee. Quizás por ello se me hayan venido a la cabeza un montón de historias. Y supongo que también tiene que ver el hecho con que después de verla, el familiar de turno (no diremos nombres 😉 ) ha preguntado ¿cómo podía poner música? Inmediatamente dije que se leyese un tutorial. No mola tanto cuando hay que buscarlo, aprender, y errar. Es mejor que te lo hagan todo hecho. 🙂 Continuar leyendo…