Es impresionante las formas diferentes que uno encuentra a lo largo de su paisaje, que te muestran formas de sufrir para divertirse. Parecen que así se realizan mejor, pero solo es una trampa para morirse de miedo.

En nuestra infancia nos dicen que:

«Hay que controlar nuestras emociones, para que no nos controlen ellas a nosotros.»

En un momento dado, no se muy bien cuando, esas reglas las cambian: ya no las controlas, sino que las potencias. Te dicen que hagas justamente lo que no debes hacer. Y nosotros, tontos, arrastrados por la marea o el grupo, lo hacemos. Continuar leyendo…