Manías de sufrir tiene la gente

Es impresionante las formas diferentes que uno encuentra a lo largo de su paisaje, que te muestran formas de sufrir para divertirse. Parecen que así se realizan mejor, pero solo es una trampa para morirse de miedo.

En nuestra infancia nos dicen que:

«Hay que controlar nuestras emociones, para que no nos controlen ellas a nosotros.»

En un momento dado, no se muy bien cuando, esas reglas las cambian: ya no las controlas, sino que las potencias. Te dicen que hagas justamente lo que no debes hacer. Y nosotros, tontos, arrastrados por la marea o el grupo, lo hacemos.

La personas normalmente creen que controlar algo es comprimirlo hasta lo absurdo en su interior y tragárselo. Cuando es justamente lo contrario:

«Dejar que te importe.»

Cosa que no es fácil, pero es la adecuada para liberarse de ella. Si te la tragas, lo que estas haciendo es justamente lo contrario, se queda contigo, pero no evolucionas.

En el momento que algo te falla en tu «maravillosa vida», es cuando muchos se reconcomen por dentro.

Esa negatividad que te quedas interiormente, dando vueltas por tu mente, repensando y haciendo una mala digestión con esos sentimientos re-concentrados, en los que no quieres encontrar salida posible, (porque la persona le da miedo ver, solo quiere «salirse con la suya»), son los que al final, tienen que salir de otra forma. Se convierten en patologías físicas. Enfermedades para entendernos.

Si consigues liberarte de esa marea infernal –que tu mismo te has creado–, si consigues expulsarlo y dejar que te importe, o convertirlo a algo que te sirva para evolucionar a otro nivel, esa alquimia interior te servirá para algo mas que para hacer una digestión tan pesada que cagues tu propia muerte.

Si te quedas dando una y otra vez las mismas vueltas es cuando «la cagas» (que escatológico suena todo…). Mareándote con chorradas en su mayoría, cosas que muchos no quieren ver, pues suelen pensar que: «es el exterior el que es malo consigo mismo«, cuando «es precisamente su comportamiento el que originó esa situación.»

Si sigues por el camino de la destrucción mental, convertirás tu estancamiento emocional en un estancamiento físico. Esto ya nos lo decían de pequeño para explicarnos algo de física:

«La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.»

Somos capaces de lo más mágico, que es convertir la energía en materia, pero esa materia final es la que, si no hemos aprendido lo suficiente, será la salida de nuestra emoción: la última salida.

Hay avisos antes del final. Pues no todo suele convertirse automáticamente en eso. Sino que hay un proceso que sigue:

  • Nos estancamos emocionalmente.
  • Mal reconcentramos esos sentimientos.
  • Los convertimos en depresiones, un pequeño aviso para empezar a arreglarnos nosotros mismos.
  • Si no lo conseguimos, se convierten en pequeñas enfermedades, que normalmente intentamos curar con química (pastillas, medicamentos, etc) para que nuestro cuerpo reaccione físicamente –que no mental– nos hacen sentir como arreglados, pero solo estamos ocultando la realidad de otra forma.
  • Si atontamos nuestra tecnología interior, conseguimos «dejar de sentir» pero no arreglamos el problema verdadero que lo originó.
  • Y si volvemos a errar, esos avisos son cada vez mayores, mas críticos. Hasta que llega el último que es «el incurable»: Le queda tanto tiempo de vida.que suelen decir «alegremente» los médicos, añadiendopóngase en nuestras manos, que vamos a experimentar con usted a ver si podemos arreglarle.dando palos de ciego, sin saber que arreglar pero ignorando como se hace.
  • El «aparato estropeado» en lo que nos hemos convertido, atontado y atrofiado por su unidad y circunstancia, deja también «alegremente» que le reparen, porque no es capaz.
  • Así es como surge la transformación, de uno u otro modo. Para bien o para mal.

Si conseguimos transformarnos nosotros mismos. Dejando…, soltando…, nos evitaremos el sufrimiento posterior y todo el proceso de transformación mortal.

1 comentario

  1. Toda la razón del mundo, amigo.  A veces no sé si crecer no será, en realidad, liberarse de todas las tontunas que nos hemos estado creyendo desde que éramos pequeños…

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