El auto-alzhéimer virtual

Es curioso como todo lo que somos es confeccionado a través de una colección de experiencias que hemos vivido condimentadas con una serie de características que vienen implantadas de serie cuando somos concebidos y la época en la que nos toca vivir en el medio en el que estamos.

Hoy en día, muchos de los medios que empleamos son virtuales o imaginarios. Manejamos información de la misma forma que antes la creábamos con nuestras manos, solo que ahora a una velocidad mucho mas rápida. La velocidad no hace que la comprendamos mas rápido, sino que la olvidemos con mas facilidad. Pasamos de un tema a otro casi imperceptiblemente, y las costumbres de esas experiencias apenas quedan impresas en nuestro ordenador biológico.

Es curioso como también el ser humano es capaz de olvidar una experiencia aunque le haya sucedido. Si hemos concluido que una persona es una colección de experiencias unido a otra serie de características, medio y tiempo, ¿cómo elegimos olvidar algo que nos ha sucedido? Muy simple con la simple frase de “no quiero pensar” (o “eso lo quiero olvidar”), y automáticamente la descartan de su archivo de cerebral. A veces cuesta mas, otras menos, y otras veces uno hace algo mas impactante que quede con mayor impresión que eso que desea olvidar. Ese conocimiento sigue ahí, pero es como si perdieras la ficha que lo identifica en la gran biblioteca biológica que tenemos de serie. Sin esa ficha no puedes llegar a la información, por lo tanto es como si la estantería que lo contuviese estuviera libre para poner cualquier otra cosa. Pese a ello, algunos no llegan ni siquiera a volver a poner algo, dejando un gran hueco o lapsus mental. Algo bien tapado en el que jamas querrán acceder o hablar de ello.

Muchos aun no son conscientes que en la medida que mas veces se digan “no quiero pensar” en sus experiencias o sus estudios de su propio entorno de su realidad que les rodea, estarán dando pasos para olvidar realmente todo lo que han sido. Con ello perderán poco a poco la capacidad de ser el bibliotecario de ese recipiente contenedor. El ordenador dejará paulatinamente de funcionar. Sus neuronas o nódulos interconectados se cortaran o atrofiarán, igual que si apagásemos directamente la luz de una habitación y no volviéramos a entrar en ella.

Ahora implantemos eso mismo en la “realidad virtual” que manejamos a diario. La proyección de una red social. que no es ni mas ni menos que una interconexión con varias bibliotecas ambulantes bioquímicas que están en conexión todas al mismo tiempo para intercambiar información, a veces muy poco relevante. El ser humano puede ser muy curioso, pero mal llevado se convierte mas en un cotilla entrometido. Muchos desean aprender o saber de todo con el mínimo esfuerzo, en su mayoría. Mal llevado pueden captar conocimientos erróneos e interpretarlos como el conjunto al que intenta pertenecer, así cree integrarse en él como persona grata, si su grupo colectivo se lo exige.

Imaginemos que alguien pone en duda una información que el colectivo de máquinas bioquímicas dice que tiene que ser verdad. Automáticamente el sistema tiene la orden de acallar a la voz disonante. ¿Cómo va a tener razón un solo ordenador desconectado? Si consigue poner en duda a una de sus máquinas puede hacerle pensar (algo peligrosísimo), puede creer que los demás tampoco están en su sano juicio, e incluso puede darse cuenta de su propio error al compartir determinada información falsa. Sus coetáneos con dicho saber suelen hacer presión para que sea mas creíbles para esa asociación virtual. En una extraña falsa sensación de no parecer demasiado tonto siguiendo al rebaño decide borrar dicho conocimiento y no enfrentarse a nadie.

Así podríamos definir el proceso que siguen hoy en día la personas que auto-olvida conocimientos adquiridos:

  • Comparten algo que les llega por el colectivo de máquinas conocidas (otras personas).
  • Otro alguien lo ve, no se lo cree y contrasta la información. Ve que no es cierto o es erróneo e informa consecuentemente.
  • Con tal de no parecer demasiado tonto decide borrar dicho conocimiento compartido, así evita poner en duda dicho saber y tener que enfrentarse a sus “fuentes fiables”.
  • En el pequeño lapso de tiempo que pasa con todo esto, otros hacen lo propio con ese conocimiento erróneo. Pero eso ya da igual, el primero lo borra igualmente de la existencia virtual y la ficha descriptiva.
  • Aquí no ha pasado nada, a otra cosa. Problema resuelto.

Este proceso tan complicado lo repiten en su interpretación de la realidad (o vida).

Es curioso como ahora mismo, los servicios a la carta de compartir información se están haciendo fuertes en la habilidad de no guardar dicha información, o de tener la posibilidad de borrarse al cabo de poco tiempo. Compartes y borras, pero no retienes.

Antiguamente te decían que con la informática podrías guardar cantidad de datos, cada vez mas y podrías acceder a ellos de forma ilimitada tantas veces como quisieras. Ahora se te dice que puedes crear estos contenidos y, si quieres, auto borrarlos de la existencia para que no ocupen lugar. Es decir comparte información irrelevante y borrarla al poco tiempo.

Repetir este proceso hasta la saciedad hace que estemos programando nuestra propia máquina bioquímica para seguir el mismo proceso interno. Pues es una experiencia que almacenamos igual. Y al mismo tiempo que almacenamos le estamos diciendo que aprenda la capacidad de borrar, casi al instante.

Igual que Internet ha hecho que podamos acceder rápidamente a la información de la gran biblioteca mundial del saber, los buscadores famosos nos permiten saltar entre las fichas del saber, empleando determinados filtros, para intentar comprender y llegar a la información que precisamos de una manera mas rápida. Esto se traduce en leer sin comprender, y al hacerlo continuamente acabamos leyendo entre lineas pero no sintetizamos bien el contenido final. Es como si nos faltasen letras (y en realidad es así, porque eliges no leerlas).

Las redes sociales permiten la conexión de varias máquinas (personas) que hacen lo mismo. Bien llevado puede ser una gran herramienta para un conjunto sano (intercambiar conocimientos y aumentarlos exponencialmente juntos). Mal llevado puede llevar al control de las maquinas de forma colectiva, cuan rebaño.

Al mismo tiempo la capacidad de desechar información selectivamente, sea irrelevante o fallos que no queremos recordar o admitir, hace que nuestra biblioteca tenga la experiencia de quitar dicha información.

Esas cosas que no disgustan de nosotros podríamos aceptarlas y comprenderlas para que nos hiciera crecer y mejorar como personas. Al elegir no recordarlas, se consigue que erremos varias veces de la misma forma. Así es como intentamos aliviar la existencia de nuestra torpeza por la vida, en la mayoría de los casos sin conseguirlo.

Al final todo se traduce en un cascaron vacío y sin conciencia. La biblioteca bioquímica deja de recordar y con ello deja de ser útil. La persona que llegó a tener la capacidad de consciencia y recolección para aprender se convierte en una mera tubería de comida y deshechos sin saber cual fue su finalidad.

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